También conocí Trafalgar Square con sus leones y caminé de ahí hasta el palacio de Buckingham; padrísimo el camino con las banderas de Gran Bretaña y los jardines. De ahí fuí a localizar al fin la casa de Benjamin Franklin (que sólo uno supo darme razón además de la mala localización en el mapita), y enseguida el Big Ben y las casas del parlamento; enfrente donde está la estatua de Churchill había una manifestación, con huelga de hambre y cánticos por cosas sucedidas en Sri Lanka; les tomé foto a unos venerables diplomáticos que iban llegando a las casas del parlamento seguramente relacionados con lo mismo. Me resulta curioso el acento de Londres, y no sé si es así de marcado en las demás ciudades de país. Otra cosa es que hasta la persona más sencilla parece tener un ego muy crecido, y ni hablar si acentúa tal percepción la naturalidad que buscamos algunos mexicanos.
Regresé a Heathrow exhausto y en el avión igualmente no descansaría como hubiese deseado. Las revisiones fueron más rigurosas que en la llegada, y ya volando ahora sí me di cuenta de la trayectoria que sigue el avión, pasando sobre Islandia, Groenlandia, Canadá y Estados Unidos, a unos 13 Km de altura si no recuerdo mal y a unos 60 grados bajo cero afuerita... cuánto tiene que mantenerse preciso y sin fallar para mantenernos seguros. Todo eso me di cuenta porque ahora sí sentí turbulencias (será que en la ida iba dormidote mucho tiempo), como yendo en autobús en una no tan buena carretera.
Llego a Mexico y encuentro mucha gente con tapabocas, pues va comenzando la epidemia, y en todo momento hay avisos de síntomas con los que hay que evitar viajar; el pánico apenas comenzaba. Esperé toda la noche en el aeropuerto de la cd. de México, luego de cambiarme a la terminal 2, para regresar a Hermosillo. Me llegó un malestar muy fuerte ya en el vuelo, pero creo detonó con un tipo que llevaba enfrente, tosiendo y con mucho flujo, y ni siquiera parecía cubrirse el asqueroso!, de modo que se me revolvió el estómago más pensando en la influenza. Viajo en el autobús de nuevo las siete horas, cumplo dos días de viaje y llego deshecho a mi ciudad, para obtener alegría de nuevo con mi wero, el más encantado de verme.
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